Impresionismo
En la pintura, el artista recurrió a facultades extravisuales como la imaginación, o recursos-técnicos como la perspectiva. La imaginación implicó transformar los objetos del
mundo visible para crear espacios ideales ocupados por formas de la misma índole. En el caso de los impresionistas, el recurso fue ver el mundo de manera subjetiva, con base
en las experiencias directas otorgadas por los sentidos. Las percepciones dependían delas variaciones de la luz o de los puntos de vista; cada momento suponía
una impresión diferente y variable. Por lo tanto, para cada impresión se creaba una obra diferente.
Los impresionistas no recurrieron al claroscuro, purificaron el color en sus obras de manera que pudiera vibrar con su intensidad natural. Se interesaron en la yuxtaposición del color, que al fusionarse generaba un efecto
animado tratando de imitar al mismo acto perceptivo. Por ejemplo, cuan-
do uno observa un jardín al atardecer se da cuenta de cómo las variaciones
de la luz, el viento, le dan vida al paisaje, estos instantes son los que los
impresionistas se preocuparon por captar.
Postimpresionismo. El movimiento abarca distintos estilos que respondían a las inquietudes
personales de creación plástica de diferentes artistas, e intenta definirlos
como una continuación del impresionismo, pero al mismo tiempo como un
rechazo a sus imitaciones.
Los artistas postimpresionistas manejaron colores vivos, trazos vigorosos
y firmes, así como pinceladas distinguibles. Plasmaron en su obra emoción
y expresión, presentando una visión más subjetiva del mundo. Estaban en
contra de reflejar fielmente la naturaleza “auténtica”, y fundamentaron su
creación plástica en el manejo del color utilizado por sus predecesores.
Modernismo
El término alude al espíritu renovador del fin de siglo, a la conciencia de cambio de una
nueva época y que cambiaría también otras ramas de la cultura, como la literatura, la
filosofía, la religión y, por supuesto, a la sociedad.
Tuvo su origen en una exposición realizada en la galería parisina La maison del Art Nou-
veau, de donde se desprendió este primer denominativo, arte nuevo, que adoptaría dis-
tintos nombres de acuerdo con el país: Art Nouveau en Francia y Bélgica; Modern Style,
en Inglaterra; Jugendstil, en Alemania; Sezession en Austria y Modernismo en España.
El cartel litográfico y la ilustración basados en la concepción bidimensional o en
la simple combinación de tintas y líneas decorativas resaltaron el espíritu del mo-
mento. Un ejemplo son las obras del pintor Henri de Toulouse-Lautrec.
Simbolismo
Surgió a mediados del siglo XIX y perduró cerca de 60 años. Se difundió en ciudades
como Glasgow, Estocolmo, Danzig, Lodz, Trieste, Florencia y Barcelona. El nombre le fue
asignado por Jean Moréas, quien en 1888 lanzó el Manifiesto del Simbolismo. Fue, más
que un movimiento artístico, una expresión del espíritu. En esa época, la nueva sociedad industrial, que necesitaba una gran cantidad de trabajadores, desencadenó una migra-
ción masiva del campo a la ciudad. El simbolismo representó una reacción contra el naturalismo y el realismo con el lema
“revestir la idea con formas sensibles y perceptibles”. Se caracterizó por defender la
preponderancia de la experiencia intuitiva sobre la realidad objetiva: lo importante, a
su juicio, no es lo que se ve, ni siquiera cómo se ve, sino cómo se siente, por lo que
“cualquier emoción puede ser tema de pintura”
Fauvismo
El apelativo fauve significa fiera, y así se denominó esta corriente; el tér-
mino no fue aceptado por los protagonistas de la primera propuesta,
pero se generalizó para identificar los intereses de una serie de pintores
que utilizaron el color directo como herramienta expresiva.
El fauvismo rechazó la armonía del color del impresionismo y admiró los
colores brillantes y motivos lineales de Van Gogh. En sus composiciones,
de color puro, se propuso crear realidades frescas y expresar sentimien-
tos, más que realidades.
Los exponentes de esta corriente están representados por Henri Matisse,
quien planteó que la expresión y la decoración son una misma cosa, así
como por Georges Rouault, Albert Marquet, Charles Camoin, Henri Char-
les Manguin y Jean Puy.
Expresionismo
El expresionismo abordó desde el conflicto los temas de la humanidad: el
sentimiento religioso, las relaciones humanas, la impotencia ante la muerte y
la enfermedad, el sexo y la relación del hombre con la naturaleza, entre otros. En términos más amplios, expresó el temor del hombre a su propia naturaleza, así como
el miedo a afrontar un mundo moderno cada vez más alienado y reservado
en la expresión de sus sentimientos y personalidad. Este autor fue uno de los
primeros expresionistas genuinos, y su pintura ha sido modelo para muchos
movimientos artísticos desencadenados en el siglo XX.
Cubismo
El movimiento fue desarrollado inicialmente por Georges Braque y Pablo Pi-
casso, en alusión al uso de la múltiple perspectiva con la que Cézanne trabajó
la naturaleza muerta y los paisajes. Cuestionó la pintura occidental desde el
renacimiento, es decir, el tratamiento del objeto y su relación con el espacio,
proponiendo la construcción con varios puntos de vista. En este sentido, los
objetos dejaron de poseer una forma definida y fija para componerse de va-
rios planos y puntos.
Las obras de Pablo Picasso se consideran piedra angular del arte moderno y
pioneras del cubismo. Su círculo de artistas quedó impactado ante la revo-
lucionaria representación de la figura humana con planos muy marcados y
volúmenes desencajados.
Surrealismo
Con el objetivo de evadir la intervención de la razón y encontrar posibilidades estéticas
que se acercaran más a universos alternativos, los pintores surrealistas crearon un mo-
vimiento que ambicionó representar el inconsciente.
El Manifiesto surrealista, firmado por André Breton, planteó el rechazo a un sistema so-
cial caduco por las guerras. Ya no era posible un mundo mejor para el hombre. El surrea-
lismo ofreció una alternativa a los lenguajes convencionales. Sus seguidores inundaron
la intimidad del ser humano de un sentido menos pragmático e hicieron aflorar expre-
siones reprimidas.
La Segunda Guerra Mundial forzó el éxodo generalizado de los artistas que se encontra-
ban en Francia hacia el continente americano; entre ellos Breton, Marcel Duchamp, An-
dré Masson, Roberto Matta, Yves Tanguy y Max Ernst. Durante la década de 1940, Nueva
York vivió una gran efervescencia surrealista. En México destacaron Wolfgang Paalen,
Leonora Carrington y Remedios Varo; en República Dominicana, Eugenio Fernández
Granell, y en Cuba, Wilfredo Lam.
